In partnership with

Sos JEFE. Tu empleado te miente. "Ya lo hice", y no lo hizo, lo está haciendo. "Yo le mandé el mail", y nunca llegó. Va empeorando. Ya le dijiste varias veces, y lo negó.

Login or Subscribe to participate

Hola {{NOMBRE | estimado lector}},

En Protagonistas pasan cosas raras.

Hace unos días, una influencer me escribió preocupada.

“Me piden demasiadas cotizaciones; no se cómo pasar precios. No doy abasto”.

Apenas lo leí me paré, y empecé a dar vueltas alrededor del jardín.

El perrito me seguía, esperando que le tire la pelota.

O el lápiz con el que hago mis dibujos.

Sí, el que se comió.

Síndrome del Impostor”, decía la susodicha influencer en su mail.

Me estaba agarrando los pelos con las dos manos.

Se me ocurrió recomendarle una IA para automatizar, de esas que hacen todo por vos, paso a paso...

Pero preferí compartirla con todos, probala (con este link te dan USD20 de crédito gratis) y después contame:

The Simplest Way To Create and Launch AI Agents

Imagine if ChatGPT, Zapier, and Webflow all had a baby. That's Lindy.

With Lindy, you can build AI agents and apps in minutes simply by describing what you want in plain English.

→ "Create a booking platform for my business"
→ "Automate my sales outreach"
→ "Create a weekly summary about each employee's performance and send it as an email"

From inbound lead qualification to AI-powered customer support and full-blown apps, Lindy has hundreds of agents that are ready to work for you 24/7/365.

Stop doing repetitive tasks manually. Let Lindy automate workflows, save time, and grow your business.

Volviendo a la influencer con problemas de abundancia…

¿No me había cansado de hablar de esto hace un par de años?

¿No dí cursos de Pricing, y metí el arte de poner precios en todo lo que pude?

¿Será que nadie me escucha, que el público se renueva o que, simplemente, las cosas caen cuando tienen que caer?

Login or Subscribe to participate

Estimada Dalma Nerea, jorobate por todas las cosas buenas que te pasan.

Empecé, sí, con un poco de ironía. Habíamos tenido un call de 30 minutos un año atrás, antes de empezar con Protagonistas, y se ve que fue justo cuando una seguidilla de buenas noticias le estaban por pasar.

Con pocas pulgas, como quien se cree alguien que cambia carreras con una conversación, encaré directo al hueso:

¿Sentís síndrome del impostor? Yo también. Te digo que hacer: anotalo en un papel, describilo. Y tiralo a la basura. No me interesa tu opinión sobre tu capacidad. Me interesa la de tu cliente o tu jefe. Sé (sabemos) que sos responsable y vas a cumplir tus promesas.

Empezar así, casi agresivo, me planteaba una disyuntiva: ¿suavizo el tono para mostrar que soy humano o sigo profundizando para buscar un cambio real? ¿Debería empatizar con la persona que ella es, o con la que será?

Yo sé que tiene mucho para dar (y ganar), pero también que nos enseñaron a dudar de nosotros mismos cuando hacemos cosas distintas.

En otras palabras, nos enseñaron a ser ovejas, y esta persona estaba para ser lobo.

Del síndrome del impostor surgen dos problemas: uno es la parálisis. “No puedo”, superado en ese párrafo que le mandé.

El otro, la subestimación (valgo menos de lo que creen) y su consiguiente sobre-esfuerzo.

¿Se podrá manejar? Tengo dudas.

Por eso elegí asumir que no, y seguir escarbando:

También sabemos que vas a sobre cumplir, y vas a estar a las puteadas al final del proyecto... "No se termina más", o "agrego esto y...". Ya sabermos que tu cliente recordará, sin dudas, ese último momento.

Es inevitable que des mucho más valor del que vas a negociar. Para no odiar el proyecto y llegar al final feliz tenés que cobrar un precio mucho más alto que el que pensaste.

“Ufff, acá la perdí”, pensé al escribir. “Mucho más alto” la va a asustar.

Tal vez era mi propio síndrome del impostor… Si había una leve probabilidad de que siga leyendo yo tenía que seguir dando valor. Más, y más.

Exacto, sobre-esforzándome.

De ninguna manera vas a cobrar en base a tus horas, nada que ver con tu esfuerzo. Tu esfuerzo me es irrelevante, igual que al cliente.

Así enseñan en la escuela a poner precios, y así te destinan al fracaso, al sufrimiento, a que tu carrera o negocio se estanque: cobrás menos de lo que valés, vendés mucho por eso… Pero, agotada y vieja, vas a esperar una compensación extra al jubilarte.

Ahí vas a poder descansar.

No va a suceder. Ni que te jubiles, ni que puedas descansar.

Salvo que hoy empieces a hacer estas dos cosas que te digo.

Uff, este no parezco yo. ¿Tan agresivo, creído? ¿Sepulté a mi impostor para siempre? ¿Me habrá cansado de dejarlo “cuidarme”?

“¿Cómo cobrar?”, me preguntaste. Esto es lo primero.

Muy fácil. Si te contratan es porque algo ganan. No te están haciendo un favor.

¿Qué ganan?, es la pregunta clave.

O, más bien, ¿cuánto ganan?

¿Cómo se diferencia el futuro de ese cliente contigo y sintigo?

Más precisamente, ¿cuánto cree el cliente que le vas a hacer ganar?

Porque nadie compra si el valor que recibe no es mayor a SU costo, (TU precio, que no tiene que ver con tu costo).

“¡Ja!,” te imagino pensando, “entonces si le hago creer al cliente que soy genial me va a pagar más”.

Bienvenida al mundo del marketing, querida influencer.

“Vení a este banco, que somos los mejores, o tenemos los mejores descuentos, o te damos la menor tasa”. Si te convencen, vas.

Después, que cumplan, es otra cosa.

Porque las empresas no sienten el síndrome del impostor.

Pero en tu caso, ¡sabemos que vas a cumplir!

Mientras escribía, pensaba, “acá hay algo para profundizar, las empresas no sienten el síndrome del impostor… ¿Qué podemos aprender de ellas? ¿Y si nos planteamos ser una empresa separada de la persona, una esquizofrenia sana que nos permita ser como queremos y trabajar como nos conviene?”.

A la lista de temas a profundizar, sin dudarlo.

Entonces, el desafío es maximizar el valor que siente el cliente que va a percibir de vos.

¿Cuánto va a ganar? ¿USD10.000?

Bueno, cobrale la mitad, “vamos miti miti”, le podés decir…

¡Es una ganga!

Compra por USD5.000 algo que vale USD10.000. Yo creo que deberías subirlo, pero sé que tu síndrome del impostor no desapareció con ese papelito.

“Ya está”, me dije. Saludo y send.

Mejor no.

Quería algo memorable, algo que la deje pensando, que permita que tome la esencia del tema y lo convierta en propio. ¿Porque a quién le importa que yo dé algo si el otro no lo recibe?

Dalma Nerea, no seas baratera. No te eduqué para eso. Vas a terminar haciendo todo de mal humor. Vas a destrozar tus tres D, simplemente por miedo a aumentar la primera.

Ufff, ahora sí, el golpe de gracia. El concepto de “Walk the talk”, ¿hace tu líder lo que te dice que hagas?

Y si necesitás más profundidad en todo esto, calculá cuánto extra podés ganar, me prometés la mitad a mí y nos reunimos treinta minutos.

Nótese la completa ausencia de la palabra “costo” en el gráfico.

Por si no quedó claro o lo querés compartir con el mundo al grito de “Ya no soy un impostor”, te dejo esta versión más contundente.

Tener el valor de valorarnos es la base del éxito laboral.

Administrar bien nuestros recursos (tiempo y dinero, siempre escasos) es la clave del éxito a largo plazo.

Para entenderlo mejor, para ser protagonistas hoy y en el futuro, para aprender todo lo que no aprendimos de Finanzas en la escuela, publiqué mi último libro.

Te lo recomiendo.

Porque empezar a invertir YA MISMO es clave para tener la libertad de elegir, de construir tu carrera. Y es la segunda clave para Dalma Nerea.

Y para vos, que tenés entre 35 años y todavía decís “no se invertir”. O 25, o 45. O 70.

A mí me encantó este episodio - si te gustó compartilo, me va a servir para decidir qué pasará con CEO en Camiseta 2026. Lo mismo que tu respuesta a esta pregunta:

2026, ¿en qué creés que Leo Piccioli pueda ayudarte?

Cuanto más detalle, mejor.

Login or Subscribe to participate

Que te hagas una semana fantástica.

Login or Subscribe to participate

Reply

Avatar

or to participate

Keep Reading