¡Este jueves 14, Zoom de preguntas y respuestas gratis para Protagonistas! (quedan vacantes para Protagonistas nuevos en agosto)

Dos ofertas de empleo iguales, excepto por dos detalles: una paga 20% más, pero no conocés a la gente. La otra, te encantaría trabajar con ellos. ¿Cuál elegís?

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Hola {{NOMBRE | estimado lector}},

Rocío llega a la oficina.

Mismo café, misma silla, misma pantalla.

Lleva dos años y seis meses ahí.

En la pared cuelga una foto del último aniversario de la organización. Ella está del medio hacia la derecha, sonriendo junto al equipo.

Pero hoy la mira y siente un escalofrío.

No se reconoce. La sonrisa es una máscara. Los ojos, vacíos.

Se da cuenta, con una claridad que duele, que es uno de ellos.

Un zombie.

Acaba de despertar.

La historia de Rocío me lleva a una pregunta que me obsesiona: ¿sabe el zombie su condición de zombie? Pienso en los Ghouls de la serie Fallout, humanos que por la radiación se convierten en seres decrépitos que viven siglos. Algunos mantienen su conciencia intacta, atrapados en un cuerpo que se pudre…

Y esto no es una metáfora poética. Es una advertencia neurológica. Un estudio publicado en la prestigiosa revista Neurology siguió a 7,000 personas y descubrió que los trabajos rutinarios y poco estimulantes aumentan el riesgo de deterioro cognitivo en un 66% y de demencia en un 37%.

¿La razón? La falta de estímulo mental atrofia el cerebro, así como la falta de ejercicio atrofia los músculos.

Hacer tareas repetitivas atrofia el cerebro - pan para hoy, demencia para mañana.

Tu trabajo te está, literalmente, apagando el cerebro.

Cada vez veo más seguido este fenómeno. Gente brillante como Rocío que "despierta" y se da cuenta del peligro: cada día se hace más difícil cambiar, pero el mundo no para.

La comodidad en el trabajo es un ancla que nos paraliza.

Hace unos años empecé a coleccionar esas frases que nos sacan de quicio en el trabajo, esas que todos hemos oído. Junté 6,229 respuestas. Frases como "Siempre lo hicimos así", "No te pago para que pienses" o "Yo te voy a explicar cómo se hacen las cosas acá".

Al analizarlas nuevamente, vi que no eran frases aisladas.

Eran síntomas.

Síntomas de tres patrones sistémicos, tres principios fundamentales que cualquier organización puede usar para fabricar zombies en masa.

Y acá viene lo más loco. Recordé el "Manual de Sabotaje Simple" de la CIA de 1944.

Las tácticas que la CIA recomendaba para destruir una organización desde adentro eran un calco del comportamiento zombie.

Si tu jefe prefiere que sigas en modo zombie, en junio sale mi nuevo libro Cómo RAJAR a tu jefe — que no es echarlo, sino volverte tan bueno que ya no lo necesitás. Lista de espera: comorajaratujefe.com.

La conclusión fue inevitable: un empleado zombie es un saboteador inconsciente, programado por un sistema perfectamente diseñado para la disfunción.

Las empresas crean los mismos zombies que garantizan su fracaso.

El estudio que empecé hace un año se enfocaba en ayudar a empleados estatales a reinventarse, convencido de que la “oportunidad de eficiencia” (los despidos por venir) era mucho mayor ahí.

Pero, tanto en el Estado hay humanos que trabajan genial (y los necesitamos) como en empresas privadas hay zombies.

La actitud que tomamos frente al trabajo es independiente del tipo de organización.

Sí, ya sé. Es mucho más cómodo decir, “Acá no se puede”, “Y qué querés que haga”, y esas cosas.

Analicé más en profundidad qué tenían en común los zombies (sabiendo que no era la organización) y me encontré con tres principios básicos, tres “first principles”, que crean zombies.

Estos son los 3 creadores de zombies.

1. Inmunidad

El primer principio es simple: crear un entorno donde la probabilidad de perder el trabajo es prácticamente nula. La estabilidad garantizada, la empresa familiar donde "nadie se va nunca", el sindicato que te protege hagas lo que hagas, hasta las áreas de Recursos Humanos que quieren cuidar a “las personas”. Suena bien, pero es una droga. Anestesia la urgencia, mata la competitividad y genera una mentalidad de derecho adquirido. ¿Para qué esforzarse si da lo mismo?

Una vez, en la AFIP, un colega me dijo algo que jamás olvidé: "Tenés que hacerlo más despacio, porque si no nos vamos a quedar sin trabajo". Es la lógica invertida de un sistema que no premia el valor, sino la permanencia. El manual de la CIA lo describe con otra cara: "Trabaja lento", "Crea interrupciones". Es la consecuencia directa de saber que, hagas lo que hagas, mañana tu silla seguirá ahí.

La posibilidad del despido es clave para una organización eficiente.

2. Cortoplacismo

El segundo principio es la obsesión por ciclos cortos. Cuando las decisiones no se toman pensando en el largo plazo, sino en el próximo cierre de trimestre, la próxima elección o el próximo cambio de gerente. Lo viví en una gran empresa de Oil & Gas con la que trabajé, donde cada nuevo líder deshacía lo que hizo el anterior para marcar su territorio. O lo intentaba, porque nadie creía que fuera a durar.

En este entorno, el pensamiento estratégico es un suicidio. Invertir no tiene sentido. Lo que importa es sobrevivir, quedar bien con el jefe de turno, maquillar el Excel para la reunión. La energía no se pone en crear valor, sino en la política interna. La CIA lo llamaba sabotaje: "hacer discursos largos e irrelevantes" y "reabrir debates sobre temas ya decididos". ¿El objetivo? Paralizar la toma de decisiones. Exactamente lo que pasa cuando el corto plazo es el único rey: son todas urgencias.

Toda urgencia es algo importante a lo que en el pasado no prestamos atención.

3. Control

El tercer y más poderoso principio es diseñar los procesos asumiendo que la gente es vaga, tonta o tramposa. Es la necesidad de tener cinco firmas para comprar una lapicera. Es la cultura de "pedir permiso" en lugar de "pedir perdón". La burocracia empodera al burócrata. Cada sello, cada formulario, es una pequeña dosis de poder.

Las reglas castigan al 99% por culpa del 1%.

De las 6,229 respuestas que analicé, la frase más odiada, con 1,147 menciones, fue: "Siempre lo hicimos así". Esa frase es la esencia del control obsesivo. Es la negación de la inteligencia. ¿Y qué recomendaba la CIA? "Insistir en hacer todo a través de los canales establecidos". "Nunca permitir atajos". No es una coincidencia. Es la misma lógica.

¿Estás a tiempo de despertar?

Mirate en la foto de tu equipo. Escuchá las frases en los pasillos. ¿Reconocés los principios que crean zombies?

Esto no es un juego.

Es tu trabajo, pero también tu salud mental y cognitiva la que está en la línea. La zombificación es un estado del que, a veces, no se puede volver.

La buena noticia es que entender el sistema es el primer paso para hackearlo. Para saber si estás en riesgo o si ya te has convertido en un ghoul sin darte cuenta, el primer paso es medirlo.

Una pena que el día del orgullo zombie sea el 4 de febrero y no lo podamos festejar todos juntos en la oficina.

Era una buena oportunidad para una foto.

Recordá que el 14 de agosto a las 17 hs. de Argentina haremos la próxima reunión con Protagonistas.

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Te deseo una semana de Protagonista. Reenviale esto a quién lo necesite leer.

PD: como Protagonista de CEO en Camiseta, podés entrar a la publicación en la web y comentarla para que otros (yo incluido) puedan verlo.

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