Hola {{NOMBRE | estimado lector}},
¿Se están haciendo millonarios con cursos grabados? Voy a hacer los míos en Udemy.
¿La clave es el 1:1? ¡Voy a vender sesiones, armo mi Calendly ya!
Ahhhh, ¿cambió y el futuro son los cursos virtuales pero sincrónicos, todos en vivo al mismo tiempo? Entendí. ¡Hago los míos con Maven y con Edison!
¿Todos tienen un modelo de suscripción? ¡Quiero mi modelo de suscripción! Protagonistas.
¿Están todos creando productos con IA? Sii, ¡ese es el futuro! Voy a hacer el Oráculo Laboral y vender miles.
¿Cómo? ¿Ahora todos hacemos apps con las que nos haremos millonarios? Perfecto, hago una por día, con alguna le voy a pegar. La última es para proponer temas para este newsletter, en propon.ceoencamiseta.com
Todas estas ideas llevaron el mismo ciclo:
Esto es genial
Si todos lo hacen debe ser buen negocio
Me esfuerzo mucho y lo termino
Se vende un poco, mucho menos de lo que pensaba
Cambio el enfoque, insisto, le busco la vuelta. Como todos los demás.
Y ahí lo dejo, en un cajón virtual.
Una y otra vez seguí modas. Quise ser más grande, ganar más, tener más impacto. Las tres cosas.
En todas aprendí… eufemismo para “salió mal pero tengo que encontrarle algo positivo”.
¿Qué me costó perseguir todo eso?
Invertí mucho tiempo, claro. Que no se pagó con dinero. Pero si se hubiera pagado no se si era suficiente, porque lo importante acá es el costo de oportunidad: ¿qué hubiera hecho con ese tiempo?
Probablemente descansar, disfrutar, conectar…
Además de ese costo, también desgasta la frustración (que sería como el espejo intertemporal del entusiasmo cuando no hay resultados)...
Y el stress. Levantarme para hacer algo que no disfrutaba pero “tenía que hacer porque quería crecer”. ¡Cómo me acordé de mis seguidores esas mañanas!
¿Soy entonces un fracaso?
Me gusta mucho pensar. Desde siempre. La tecnología hoy hace mucho más fácil llevar ideas a la realidad. Toda esa parte la disfruto, sin dudas. Como cuando era adolescente y en mi tiempo libre programaba en mi Commodore 64.
Todas estas iniciativas fueron un éxito en el sentido de que las hice, las empecé. Aprendí de verdad mucho. Pero no dieron el resultado que esperaba.
¿Fracasé? Claro que no, pequeño saltamontes.
Con estas iniciativas hice lo que se llama “cherrypicking”, te conté las que quise elegir. Nunca vemos toda la historia completa.
Hice muchas más cosas.
Me fue muy bien en LinkedIn, construyendo una audiencia cuando nadie sabía que existía (ni yo ni LinkedIn), con varios de mis libros (Finanzas sigue vendiéndose como pan caliente), con el newsletter de diez años “CEO en Camiseta” como fuga, testeo y alimentación de ideas que tengo en la cabeza, y como hub de gente con valores similares. También me fue genial con el podcast, ese que pensé para los que todavía pasaban horas en tránsito de casa al trabajo.
¿Qué tiene todo esto en común? ¿Hay algún meta-aprendizaje?
Los que ya me conocen saben que si hubiera sido el actorcito de Sexto Sentido habría dicho “veo patrones”.
Pero no, me contrataron para actuar en la de Nash.
El patrón acá, clarísimo, es una combinación. Podríamos decir que es la clave del éxito.
Motivación: el por qué. No estoy hablando de “tener motivación”, eh. Es tu motivo. Si es por dinero no lo vale. El dinero es consecuencia de dar valor y cobrarlo. Punto. Nadie se hizo millonario buscando directamente eso, siempre fue indirecto. Tenemos que ser de valor para otros (es clave entender que nuestra opinión es irrelevante, la que vale es la del otro) y cobrarlo (acá entran problemas de lo mal que nos enseñaron a poner precios, el síndrome del impostor, la culpa religiosa, el qué dirán, la política y mucho más).
Timing: si es una moda ya es tarde. Por eso me fue bien en linkedin (mi cuenta es de ¡2004!), podcasts (¡2018!), y con los libros (perennes).
Foco: cuantas más cosas hacemos, peor nos saldrán. La mayoría podría ser de valor para otros si se dejara de jorobar con la idea de ser de valor para todos. Diversificar es bueno para idear, para soñar. Pero tenemos que enfocar para hacer bien.

No porque algo pueda ser un buen negocio tenés que hacerlo.
No porque hagas una cosa bien puede convertirse en un buen negocio.
El “NO” es la palabra más potente que tenés. Usala hasta cansarte, y serás exitoso.
¿Y los dibujitos?
El año pasado empecé a publicar gráficos hechos por mí, a mano, después de hacer un curso. ¿Es un negocio nuevo? No. Aunque me han pedido alguna cotización para dibujar para otro (absurdo), es un complemento de mi forma de comunicarme.
¿Cumple estas tres claves? Yo creo que sí - busca comunicar mejor para dar más valor, no está especialmente de moda (aunque parece empezar) y le puse foco. Mucho.
Tanto que la editorial me propuso usarlos en FINANZAS:

Pero algo más interesante de los dibujitos es que siempre los hice.
Incluso cuando programaba en la adolescencia, tenía hojas y bolígrafos para esquematizar, para pensar visualmente.
Lo que rescato de esto es que tu futuro está al costadito de tu presente, no en un punto lejano.

¿Qué te parece? ¿Qué cambiarías, agregarías o, más importante, cómo lo aplicarías a tu historia, presente, futuro? Contámelo en los comentarios del post.
Leo.

