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“Espero que te acuerdes de mí, solo quería compartirte que está semana me ascendieron a Graphic Design Manager en mi empresa y no quería dejar de envíarte un mensaje y decirte que siempre me acuerdo de nuestra primer entrevista en Staples y de como durante los años siempre tuve presente tu frase de "aportar valor".“

Mensaje recibido el 1 de mayo de 2026. Tal vez se debería instituir un día de “agradecimiento a jefes pasados”.

Bueno, no.

-¿Por qué te mandaron a verme?, me preguntó la coach.

-Nadie me mandó, vengo para mejorar, respondí.

<cara de “no te creo, mentiroso”>

Ya entrados en confianza me explicó que todos sus clientes eran empleados a punto de ser echados.

Que las empresas querían hacer el esfuerzo de que mejoren, mandándolos con ella.

Pero que siempre los terminaban despidiendo.

En realidad querían parecer que hacían el esfuerzo.

Me recordó a una pregunta habitual de las encuestas de clima, “¿Los despidos suelen ser una sorpresa?”.

Claro, “mandar al coach” es el preaviso.

Como a veces lo es ghostear al empleado. Sí, volví con lenguaje moderno.

¿Alguna vez ghosteaste a un empleado o te ghostearon?

Ghostear = dícese de ignorar completamente sus mensajes, slacks, mails, whatsapps y, en el absurdo, conversaciones.

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Si tuvieras dos empleados, uno que trabaja mal y otro que trabaja muy bien, ¿cómo dedicarías tu tiempo?

Cuando me pasó, mi primer impulso fue mejorar al malo. Entenderlo, empatizar. Incluso ver si yo hacía algo mal.

Me enfocaba en sus reacciones a mis acciones. Buscaba, como buen líder, qué tenía que cambiar para que el otro, a su vez cambie.

Pero perdía de vista que, si había alguien que trabajaba bien conmigo, tal vez no tenía que criticarme tanto. Debería encontrar más gente así.

Un tiempo después empecé a enfocarme en “el bueno”. Ayudarlo a mejorar, cuidarlo.

Sí, ya sé, “el bueno es subjetivo”. De hecho te aseguro que casi todos los malos no se autoperciben tales o, por lo menos, lo niegan.

Pero el liderazgo es realmente subjetivo. Si alguien trabaja mal conmigo, puede hacerlo bien con otro. Tal vez porque el otro es mejor jefe, pero no importa.

En negocios tenemos que dejar de pensar en el “debería” y aceptar las realidades que no podemos cambiar.

Leo Piccioli - CEO en Camiseta

Y esto es válido para proveedores también… Me acuerdo que teníamos un experto en seguridad e higiene que nos parecía pésimo… Hasta que discutimos y decidimos que había que cambiarlo… O cambiar nuestro discurso.

Criticar algo que no vamos a cambiar es una tremenda pérdida de energía.

Leo Piccioli - CEO en Camiseta

¿O acaso no podemos elegir trabajar con quien nos gusta trabajar?

De repente, entra alguien de Recursos Humanos. Nacido y criado para cuidar a las personas. Y decide cuidar a todos, incluso… al malo. Al peligroso. Al que hace daño. Al que puede, como una manzana podrida, contagiar a los demás.

Al zombie.

Si en las empresas cuidamos al zombie, ¿cómo podemos pretender no ser un imán para ellos?

“Eyyy, vengan, en esta empresa nos cuidan y nos dan cerebros para comer”, gritan en el medio del apocalipsis.

Imaginate que hacen los humanos cuando vienen los zombies…

El humano, el que trabaja bien, el que tiene futuro, ve esa situación y sufre.

Claro, porque desde su perspectiva es injusto.

Entra la Empatía.

“Te falta empatía, Leo”, me suelen decir.

No, pequeño saltamontes. Tengo un montón, pero no la quiero usar con un zombie.

Empaticemos con los mejores, los que dejan todo, los que tienen futuro, y el futuro será mejor.

Somos demasiado buenos con los malos y demasiado malos con los buenos.

Leo Piccioli - CEO en Camiseta

Es como una especie de socialismo del liderazgo, en donde le quitamos a los que más tienen para dárselo a los que menos tienen.

Descuidamos a los mejores, para cuidar a los peores.

Con las tareas es al revés… Le quitamos a los peores y se las damos a los que sacan las cosas adelante.

Logrando, al final, que el que más valor da se vaya (¿quién quiere que le quiten cosas?) y el que menos, no cambie (¿para qué, si igual me cuidan?).

“Pero Leo, es injusto. Hay gente que no puede ser tan productiva como otra”…

Bienvenidos al capitalismo. No espero que te guste, ni que sea lo que hubieras diseñado de ser el autor de este videojuego.

Pero es.

Un lugar en donde se premia a las mejores empresas, a los mejores profesionales, a los mejores empleados.

Un lugar que, gracias a eso, avanza y avanza y avanza.

¿Y quién define quien es el mejor?

EL OTRO.

En el capitalismo tu esfuerzo es IRRELEVANTE para el que lo recibe. Lo único que importa es el VALOR que recibe.

El valor que damos no lo define nuestro esfuerzo, sino el que lo recibe.

Leo Piccioli - CEO en Camiseta

Zoom in

Ahora supongamos que no hablamos de personas.

Sino solo de vos.

Tenés muchas cualidades.

Sin duda sos bueno en algunas cosas y malo en otras.

Tenés debilidades y fortalezas, ¿en cuáles preferís invertir para mejorarlas?

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Exacto, es el mismo dilema.

Vayamos más atrás… Estamos en la escuela.

En la mía había que sacarse 7/10 en todas las materias. Química y Caligrafía fueron mi mayor sufrimiento. Me eran imposibles. Pero lo logré.

¿Aprendí algo? Sí, el valor de la disciplina y la perseverancia. Excelente.

Pero hoy, de adultos, es distinto. No necesitamos ser buenos en todo. De hecho, difícilmente podamos resaltar así.

La organización es como un organismo vivo: nosotros.

De hecho, si fuera nuestro cuerpo, trataríamos de resolver las debilidades de vida o muerte, las críticas, pero seguramente no trabajaríamos en las que no son tan importantes.

No sé bailar. Nunca supe. Nadie me entiende. Todos quieren que lo vuelva a intentar. Pero no quiero trabajar esa debilidad. Me hace mucho más feliz ser mejor escribiendo, dibujando, aprendiendo, comunicando.

Y ahí hay algo más importante aún: la opinión de los demás es eso, solo una opinión. Así como yo voy a elegir en donde mejorar, el jefe debe decidir en donde poner su energía.

De la misma manera en que me enfoco en las debilidades críticas primero y después en las fortalezas, el buen jefe hará lo mismo: ¿es imprescindible esta tarea, este puesto, esta persona, que no anda bien?

Claro, finalmente, el capitalista dentro nuestro va a eliminar esa tarea o posición.

Antes de que me pelees:

No podemos abrazar los beneficios del capitalismo sin aceptar sus costos.

Casi sin darnos cuenta hemos justificado el algoritmo EAT.

Zoom out

Hablamos de empleados, nos metimos en nosotros mismos pero ¿qué pasa si nos alejamos más allá de la empresa?

Todos dicen, “es mejor evitar perder a un cliente que ganar a uno nuevo”. De hecho, muestran números. Y ya sabemos… “Los números no mienten”.

Tengo una opinión fuerte:

Hay que perder a los clientes molestos.

No digo “malos” porque para justificarlo usaríamos “números”, un excel que nos diga la rentabilidad.

Digo “molestos” adrede. Factor humano. El más pesado. El que pelea el precio. El que discute la cuenta corriente.

Chau. Que se vaya a la competencia. Dedicá ese tiempo a hacer marketing y… CUIDAR A LOS BUENOS.

No te voy a contar acá la historia de Companhia Vale do Rio Doce, nuestro mayor cliente en Brasil, porque mis lectores más fieles la deben saber de memoria.

Tal vez tenga que escribir un libro sobre ese caso.

Es mucho más valioso y genera más impacto positivo cuidar a los clientes que nos cuidan que retener a los molestos.

Gracias por leer.

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