Hola {{NOMBRE | estimado lector}},
Imaginate que cada domingo a las 23:59 te regalan US$10.000, con la condición de gastarlos en 7 días. ¿Los perderías o elegirías en qué gastar cada uno de ellos?
Bueno, cada domingo te dan 10.080 minutos.
Claro que tampoco los malgastás, ¿no?
Hablaba hace poco con alguien que vendía cursos, que no entendía por qué la gente los compraba pero no los hacía.
-¿Con quién competís?
-Con libros, universidades…
-Y con Netflix, Prime, HBO, Instagram…
No importa contra quien creés que competís sino cuáles son las alternativas que tiene tu cliente en su cabeza.
En este caso, su cliente somos cualquiera de nosotros - y nos pasa lo mismo: nuestra cabeza es un campo de batalla. Todos gritando “mirame”, apps, cursos, jefes, familia, netflix, slack, los faxes que llegan a raudales… Todo tratando de interrumpir a todo.
En el medio, la publicidad… También tratando de interrumpir, de mostrar que somos infelices excepto si gastamos nuestro dinero de cierta manera. También, todos gritando, “comprame”, haceme tuyo…
Es interesante que las redes sociales, youtube y los medios quieren nuestra atención para poder mostrarnos publicidad que quiere nuestro dinero, que ganamos vendiendo nuestra atención a cambio de dinero que otros ganaron comprando nuestra atención…

Parte de la formación del economista es simplificar la realidad, abstraernos de “todo lo demás”, y eso hago en este gráfico.
Lo que yo veo en él es que todos quieren algo nuestro. Pero no cualquier cosa.
Quieren nuestro dinero, claro. Y están dispuestos a darnos productos y servicios por él. E incluso a inventarlos, y llevarnos a creer que los necesitamos.
No está mal, a veces son cosas geniales.
Pero también quieren algo que viene antes de nuestro dinero, que como alquimistas convertirían en él.
Quieren nuestra atención.
Y nosotros somos conejitos de la pradera.