Supongamos que el mundo va cambiando, año a año. Qué tiene más sentido individualmente, ¿cambiar o no cambiar?

Login or Subscribe to participate

Hola {{NOMBRE | pequeño saltamontes}}.

La encuesta de más arriba parece obvia.

Sin embargo, la mayoría prefiere no cambiar.

¿Por qué? ¿Cómo? ¿Quién?

Hoy, vamos a investigar eso más a fondo y compartir algunas ideas para seguir creciendo.

Pero antes, te recuerdo que Soy Solo sigue disponible gratis en PDF.

Además, a pedido del público....

Espacio de publicidad

El “best-seller desconocido” de Leo Piccioli, ahora disponible a un precio especial.

Escrito y publicado durante la Pandemia, un libro nunca impreso para entender los cambios que estamos viviendo, liderar mejor y, sobre todo, liderarnos en la incertidumbre.

Hace unos años, me escribió Juan.

Esta fue mi respuesta:

Nos arrastramos, gateamos, nos caemos, sufrimos, nos levantamos.

Y nunca más desaprendemos.

Te imaginás hoy, con esas décadas encima, si no te hubieras animado a levantarte aquél día, por miedo a lastimarte las rodillitas y llorar, o a que tu familia, que ya caminaba genial, dijera, ¿este zapallito no sabe caminar?

Si el miedo a fracasar triunfa, es una profecía autocumplida.

Y si tu miedo es a que te critiquen, no te olvides de esto:

El músico famoso nunca se va a reír del que intenta tocar la guitarra.

El millonario, no va a hacer burla al que trata de crear una empresa.

Ni el sabio, del aprendiz.

Las críticas vienen de quien no hace.

Entonces, por un lado la única forma de cambiar, de aprender, es corriendo riesgos.

Por el otro, nadie importante nos va a criticar.

Entonces…

El único fracaso es no intentarlo.

Y esto nos lleva a la pregunta de Juan… “¿Cómo puedo cambiar ese pensamiento?”.

Mi opinión es que no tenemos que cambiarlo.

Ni siquiera tenerlo.

Pensamos mucho aun cuando sabemos que básicamente aprendemos haciendo.

Si estás por anotarte en ese segundo MBA te recuerdo que en el anterior te explicaron, al pasar, que está comprobado que aprendemos más probando cosas nuevas que de un libro o en un aula.

Te pregunto…

¿Qué pasaría si recorriéramos nuestra carrera laboral con la actitud con la que aprendimos a caminar?

¿Y si ante la duda hacemos, en lugar de pensar? ¿Qué es lo peor que puede suceder?

Claro, después de esa etapa de experimentación -gateando y cayendo- nos enseñaron a cumplir reglas.

A obedecer horarios.

A estudiar de memoria.

Nuestra educación formal se esforzó en arruinar la creatividad, iniciativa y coraje que el futuro en el que vivimos necesita.

No porque son malvados. Forman individuos para un mundo que ya no existe.

Forman personas para hacer tareas repetitivas, en la fábrica, en la oficina.

Forman robots.

Pero robots pedorros, porque ahora hay robots que no se equivocan como nosotros.

La escuela nos preparó para obedecer y hacer obedecer; así, nos convertimos en robots hasta que uno desobedece y triunfa.

O como dice esta charla TED…

Aprende las reglas como un robot, para entonces poder romperlas como un humano.

¿Qué hacer?

Gatear. Intentar pararte. Una vez que lo hiciste, intentar dar un paso. Si te caés, te levantás. Y seguís así, probando cosas nuevas. Cayendo. Levantándote.

Vas a fallar, lo mejor que podés hacer es fallar rápido y seguir.

Un secreto -que es bastante visible- mío es que pruebo cosas constantemente.

La semana pasada hice podcasts con inteligencia artificial: casualmente en este episodio mis columnistas dominicanos hablan de que todo fracaso, con tiempo, se convierte en un acierto.

Pero también lancé la “Proyección de Carrera”, por USD3.99. Se vendieron solo 70. Solo será un fracaso si lo que aprendí no me sirve para otra cosa.

La semana pasada hicimos un vivo con Dani para Halloween. No me gustó como estuve, fue un fracaso. Lo borramos. El sábado hicimos uno nuevo, un “Bookclub”. Me encantó. Y salió así de bien gracias al fracaso anterior.

“Soy solo”, ese best-seller que autopubliqué y regalo en PDF, existe porque fracasé con “La Venganza de los Nerds”.

¿No habías escuchado de ese libro mío?

Claro, ¡porque es pésimo, un fracaso! Por favor ¡no lo compres!

Y así sucesivamente.

Prefiramos probar, fallar y aprender a quedarnos con la duda - y la ignorancia.

Como si todo esto fuera poco, si agregamos que nuestras vidas laborales son cada vez más largas (¡tal vez el doble de la de nuestros abuelos!), siempre tendremos tiempo de recuperarnos de cualquier error.

Por eso…

Prefiramos mil buenos fracasos a un acierto lejano.

Prueba de fuego:

Qué preferís, ¿pájaro en mano o cien volando?

Login or Subscribe to participate

Quedan pocos lugares para el último workshop del año.

Dos sesiones para diseñar un objetivo a tres años y empezar a ejecutarlo.

¡Acción!

Que te hagas una excelente semana,

PD: ¿Cuánto es el máximo de newsletters que podés recibir sin dejar de trabajar? No lo sé, pero lo estoy probando. Por cada uno al que te suscribas gratis de esta lista, un bebé CEO aprende a gatear.

Login or Subscribe to participate

Reply

Avatar

or to participate

Keep Reading