¿Tenés tareas que son de alto valor y otras de muy bajo? ¿Cuáles?
Hola {{NOMBRE}},
Esta es la séptima de las 30ID: treinta ideas distintas en treinta días (¡llegué a la semana!). Un experimento de CEO en Camiseta. Si te gusta compartilo. Si te lo enviaron, suscribite.
Nota: toda la serie está subsidiada por las publicidades. Gracias por prestarles atención y clicks.
Última Oportunidad: El domingo que viene es el Día del Padre en Argentina. Mis dos propuestas son…
Cómo rajar a tu jefe: Para quien tiene un jefe que lo frena, lo desgasta o lo deja esperando. No es un libro de venganza. Es una guía para entender el poder, moverse con estrategia y recuperar control sobre la propia carrera.
No siempre podés cambiar de jefe. Pero podés dejar de depender de él.
Sé tu propio CEO: Para quien vive ocupado, pero no necesariamente libre. Un libro para dejar de hacer todo, revisar qué tareas sobran y recuperar tiempo usando el modelo EAT: eliminar, automatizar y tercerizar.
No se trata de trabajar más. Se trata de dirigir mejor tu propia vida.
Pedilos hoy mismo así llegan a tiempo.
Estás despedido.
Podría hablar pestes de muchos procesos de las multinacionales…
La sensación era siempre la misma: hacíamos toda la mímica simplemente porque alguien, un “VP”, tenía que ponerle un tilde a ese renglón en su checklist.
O tal vez porque había que reportar a Wall Street que cumplíamos con una norma obligatoria pero inútil.
Pero uno en particular era muy valioso y casi nadie lo conoce.
Si trabajaras súper concentrado, con intensidad, sin distracciones, todo el tiempo... ¿Cuántas horas por día liberarías?
En Sé tu Propio CEO pregunté, una y otra vez, “¿qué pasaría si te subís a un velero y te vas de vacaciones, sin conectividad? ¿Qué es lo primero que fallaría?”.
Incomodé así a emprendedores, líderes de empresas familiares y profesionales independientes.
Hoy quiero incomodarte a vos.
Estás despedido.
O renunciás por burnout. Con tanto dolor o enojo que realmente desaparecés, justo hoy que era el día de presentar los reportes.
Cambiás tu celular, sacás un email nuevo (no puedo evitar pensar en lo difícil que será encontrar un buen nombre en gmail), te mudás.
Lo que sea que te haga inubicable.
Dejás una sola cosa: una cámara con micrófono en la oficina, en zoom, meet, en todos lados. Ves y oís todo lo que pasa.
Un poco ansioso preparás el pochoclo (popcorn) acaramelado y, expectante, te sentás al mediodía a ver esa cámara. Sí, como si fuera Gran Hermano.
¿Hay gente preocupada? Un poco, entre ellos comentan “dónde estará José” (te llamás José, ¿te avisé?)…



