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Qué preferís, ¿mostrar proactivamente tus cualidades y correr el riesgo de parecer falso o esperar a que surja la oportunidad y correr el riesgo de que demore mucho?

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¡Hola hola, {{NOMBRE | pequeño saltamontes}}!

¿Cómo sigue este 2024?

Mi agosto es una locura.

La semana pasada fui a Bariloche con un banco, y esta me voy a Santiago de Chile, por tres eventos, dos de ellos abiertos:

“Hagamos el curso en agosto, que seguro es tranquilo”, dije hace unos meses.

¡El martes empieza “El Futuro es de los Vagos”! Si estás anotado y no sabés cómo ingresar a la comunidad en Circle, avisale por favor a Belén.

Antes de empezar, me gustaría saber qué libros míos tenés…

¿Qué libros de estos tenés?

(sea en papel o en digital)

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Tenemos un auspiciante nuevo, ¿me acompañan a darle la bienvenida?

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Hoy quiero dejarte pensando pero, sobre todo, practicando.

Mi objetivo es que esta semana misma te animes a hablar más en público.

Por eso comparto estas 5 Claves.

Primera

Nadie nació sabiendo hablar en público.

Literalmente nadie nació sabiendo hablar en público, es un músculo que se entrena. Buscá oportunidades para ejercitarlo. Demóstenes, famoso orador griego, tenía una grave dificultad para hablar (era tartamudo). Practicaba sus discursos con piedras en la boca y recitaba frente al mar para fortalecer su voz. No hace falta ir a la playa, podés hacerlo frente a un espejo, filmarte, pedirle ayuda a alguien que te tenga cariño…

¡Pero Leo, tengo vergüenza!

Sí, ya lo sé, {{NOMBRE | pequeño saltamontes}}, yo también tenía, hasta que entendí algo clave…

La vergüenza con la que nacemos se pasa… pasándola. No vuelve.

Segunda

En oratoria, como en todas las áreas de la comunicación, nunca estará todo dicho.

Deshacete de todos los libros y gurúes que te dicen cómo hablar. Encontrá tu estilo propio, no trates de imitar lo que otros dicen que funciona. Para lograrlo, tenés que practicar diferentes técnicas: tono, velocidad, volumen, pausas, actuación, y lo que se te ocurra. Winston Churchill, por ejemplo, repetía sus discursos en voz alta hasta 30 veces, perfeccionando cada palabra y pausa para que sonaran auténticas. Yo tengo dos tipos de fracasos como orador: aquellos en los que hice lo mismo de siempre y los otros, en los que fallé porque probé algo nuevo. Adiviná de cuáles estoy más orgulloso.

Tercera

Nadie, nunca, se quejó de que una presentación sea demasiado corta.

¿Por qué en todos los eventos ya el segundo orador empieza tarde, y el último hasta se suspende? (me sucedió una vez, a las 21hs, que me dijeron, “perdón, no hay tiempo ya”).

¿Los que hablamos en público nos equivocamos al estimar el tiempo?

No. De ninguna manera. No es un error si no es aleatorio.

Siempre, siempre, hablamos de más.

Y eso viene, en mi opinión, de la inseguridad. Al menos a mí me pasa: quiero estar tan seguro de dar valor, de explicar mi punto, que lleno a la audiencia de información… Y me paso.

Con el tiempo aprendí que es muchísimo mejor ser concreto y contundente, dejar  la audiencia pensar, y responder todas las preguntas que hagan.

La simplicidad es la máxima sofisticación, Leo Da Vinci.

Cuarta

Convertí las muletillas en silencios.

Esta es más concreta y tiene que ver, también, con la anterior.

Aunque tal vez no te guste, creo que ese “ehhhm”, “este”, uhm”, “nada”, etc., es una muestra de inseguridad. Es como pensar: “necesitoanalizarloquevoyadecir,perotengomiedodequedejesdeescucharme”. Así lo pensamos, rápido y sin pausas.

Probá.

Ahora.

De.

Hablar.

Con algunas pausas.

El silencio a veces comunica más que las palabras.

Quinta

Tus acciones hablan tan fuerte que no puedo escuchar tus palabras.

Súper válido para oratoria.

Sé visual antes que verbal.

Tu lenguaje corporal representa buena parte de la comunicación.

Una persona que titirita de frío dice “Tengo calor”...

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Lo mismo vale para tu presentación (“el bendito ppt”): tus imágenes no requieren descripción y, más importante, la gente sabe leer. Si ponés texto, no lo leas POR EL AMOR DE DIOS.

Hablá de él. 

Leer una página proyectada a una audiencia es insultar su capacidad.

Bonus

Si vas a presentar a tres personas durante 10 minutos, pensá que ellos van a apostar 30 minutos a tu valor… ¿Cuánto te vas a preparar para que salgan ganando? ¿Y si fuera una conferencia de 40 minutos a 100 personas (¡4000 minutos!)?

Tener que prepararnos mejor, al mismo reduce la cantidad de reuniones y aumenta su valor.

Si te interesa el futuro del trabajo remoto y el reclutamiento, no te pierdas esta conversación que tuvimos con Alan Gosiker.

Y el nuevo episodio del podcast seguro te va a sorprender… ¿Por qué tiene la culpa Kevin?

Que te hagas una excelente semana,

PD: ¡Siempre hay que leer las PD de Leo! Hace unos años hice un curso de Oratoria que se vendió mucho… Por ser suscriptor te lo comparto gratis.

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