Qué preferís... ¿ser el único dueño de una empresa de un millón de dólares o tener 10% de una de 10 millones?

Dos preguntas extra: ¿por qué? ¿Sos consistente en tus decisiones con esta respuesta?

Login or Subscribe to participate

Hola {{NOMBRE | estimado lector}},

¿Cuándo fue la última vez que dijiste tu precio, honorarios o salario pretendido sin que se te moviera un músculo de la cara?

¿Pudiste mantener la mirada?

¿O bajaste los ojos, carraspeaste, o peor aún... lo dijiste como disculpándote?

Cuando leí este post me quedé pensando…

Aquí abajo comparto un gráfico que, como CEO, hubiera puesto en la pared de mi oficina, justo atrás mío.

O en el escritorio, al lado de la foto de mis hijos.

Ahora tal vez lo pegaría en la heladera, porque trabajo remoto (justo publiqué "Necesito verte": la gran mentira de la presencialidad que está matando a las empresas en El Cronista).

La Confesión

Cada vez que decís tu precio, honorarios o salario, estás confesando tu autoestima pública.

No es una transacción.

Es una declaración.

"Esto es lo que me animo a decir que valgo."

Y todos lo escuchan. Todos lo sienten. Especialmente vos.

¿Sabés qué pasa cuando no podés decir tu número con orgullo?

Que estás confesando que ni vos mismo creés en tu valor.

Que estás pidiendo permiso para existir profesionalmente.

"¿Pero y si me dicen que no?"

Perfecto. Que te digan que no.

Mejor eso que vivir en la mentira de que tu trabajo vale menos de lo que realmente vale.

Porque acá viene lo que nadie te dice: cuando no validás el valor que das, estás actuando como si el cliente (o tu jefe) no tuviera la capacidad de decidir libremente. Como si fueras omnipotente y supieras mejor que él qué le conviene.

¿Te das cuenta de la arrogancia que hay en eso?

La Autotraición

Cobrar poco es traicionarte.

Y la autotraición nos mata.

Literalmente nos mata la energía, la motivación, las ganas de levantarnos cada mañana.

Esperamos "motivación" externa cuando solo nuestro entusiasmo puede hacernos funcionar.

  • ¿Te contratarías a vos mismo por lo que estás cobrando?

  • ¿Comprarías lo que vendés al precio que lo vendés?

  • ¿Te recomendarías a un amigo a otro por esos honorarios?

Si la respuesta es no, tenés un problema. Y no es de marketing.

Es de autoestima.

“Autoestima empresaria”, si liderás una compañía.

Freud se haría un banquete con esto.

Yo en cambio te digo lo que va a pasar si no lo resolvés…

Porque cuando aceptás menos de lo que valés, entrás en un círculo vicioso mortal: no estás contento con lo que cobrás, entonces no das lo mejor de vos, entonces no generás el valor que podrías generar, entonces no podés justificar cobrar más.

Y así, indefinidamente.

El empleado que acepta un trabajo por menos dinero del que debería vive la misma trampa. Se arrastra. Hace lo mínimo. Se queja. Y confirma, día tras día, que efectivamente no vale más.

El Miedo Real

El mayor miedo del ser humano no es hablar en público ni la muerte.

Es cobrar lo que vale.

Porque implica exponerse. Recibir un "no". Tener que demostrar que lo valés.

Pero ¿sabés qué da más miedo? Vivir toda la vida haciendo descuento a tu historia. A tu experiencia. A tu talento.

Nunca des un descuento a cambio de nada.

Mejor gratis que descontado.

Porque lo gratis puede ser estratégico, generoso, inteligente. Lo descontado es solo... triste.

Es la confesión pública de que ni vos creés en lo que ofrecés.

La Solución Urgente

La solución no es justificar tu precio.

Es construirlo.

Dar tanto valor que el precio sea una obviedad.

Más que explicarlo, hay que crearlo.

¿Cómo?

Sé el empleado que querrías contratar. Vendé lo que comprarías. Cobrá lo que pagarías.

Si estás desesperado, van a darse cuenta. Siempre se dan cuenta.

Tiene que no importarte.

¿Cómo lograr que no te importe? Buscando siempre clientes y jefes nuevos. Teniendo opciones. Construyendo valor real.

Cuando tenés opciones, decís tu precio con orgullo.

Cuando no, parece limosna.

El número que pedís refleja cuánto te valorás.

Si no lo decís con firmeza, algo está mal.

No es ego.

Es responsabilidad.

Cobrar menos de lo que valés es descontarle páginas a tu historia.

Y tu historia no está en oferta.

Cobrar lo que valés es la única forma de ser sostenible.

Reenviale esto a quién lo necesite leer y dejame tu opinión en los comentarios.

Login or Subscribe to participate

Reply

Avatar

or to participate

Keep Reading