Qué preferís (en el trabajo)….. ¿Tener incontinencia verbal o tanta timidez que evitás hablar a toda costa?

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Hola {{NOMBRE | estimado lector}},

Acordate de la pregunta del “qué preferís” de hoy, en unos minutos retomamos…

La semana pasada escribí de una de mis pasiones: cómo poner precios.

Hoy, foco 100% en Liderazgo. Y al final de todo, varias sorpresas.

Pero antes, un poco de cariño a nuestros anunciantes:

Excelente, gracias por suscribirte.

Nota: el ebook “Cómo rajar a tu jefe” ya no está disponible.

En 2006 tuve, por primera vez, un equipo grande.

Siete reportes, cada uno de ellos con docenas de personas a cargo.

Y en las reuniones, hacía lo que un buen jefe hace:

Hablaba.

Explicaba.

Compartía la estrategia, las tácticas, las sugerencias.

Respondía preguntas.

Sabía mucho del negocio, y lo demostraba.

Seguro que mis reportes salían orgullosos del jefe que tenían…

Al tiempo, empecé a preocuparme.

La organización (¡el emprendimiento!) estaba casi paralizado.

A nadie se le caía una idea.

Eran todas mías.

Y algunas, evidentemente malas.

¿Tendría que echar a alguno de mi equipo para que entiendan que necesito que se comprometan más?

Me gustaría creer que lo aprendí solo, pero lo debo haber leído.

O tal vez, alguien me lo dijo.

Lo escuché pero no lo agradecí.

Y empecé a cambiar mi actitud en las reuniones.

La opinión del jefe es la que más vale - por eso hay que compartirla recién al final.

Exacto, de tanto que hablaba tapaba a los demás.

Les convenía quedarse callados, soportar la reunión, hacer como que tomaban nota, e irse.

“Una pérdida total de tiempo”, seguramente pensaban.

Volvamos al “qué preferís” de más arriba; estos son los resultados en Twitter.

Imaginate un mundo con 59% de la gente hablando sin parar…

Tal vez el 41% que queda tiene una idea brillante, pero la cacofonía no le da espacio.

¡Seguro en Instagram se callan más la boca que en Twitter!

Ufff, peor.

Tres cuartos de las personas prefieren hablar mucho a no hablar nada.

Y, la verdad, lo he visto.

Lo he sido.

El resultado es terrible.

El introvertido, tal vez más analítico, se calla la boca y no pregunta, no comparte, mientras los demás compiten por ver quien es más escuchado.

Mensaje para todo el que quiera ser líder: cerrá la boca.

Liderá con el ejemplo.

Si no vale la pena escuchar a tu equipo, buscate otro.

Llegaste hasta aquí, felicitaciones.

Aprovechá esta liquidación increíble, que no creo se repita:

¿Pensaste que hoy no habría una visualización?

Claro que sí, una ideal para recordar y compartir… con tu jefe.

Sí, ya sé, es mucho valor por hoy.

Pero alguno de tus colegas lectores está en este episodio por un motivo muy específico, concreto.

Quiere el ebook que prometí, “Cómo rajar a tu jefe”.

Bueno, va a tener que esperar… a la post-data.

Te deseo una semana genial, en donde escuches más de lo que hables y aprendas mucho.

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PD: “CÓMO RAJAR A TU JEFE” ya no está disponible.

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