Cómo te autopercibís, cacique o indio (ninguna es correcta o incorrecta).

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Hola {{NOMBRE | estimado lector}},

Sí, ya sé, esa encuesta es apropiación cultural. Cancélenme.

Pero si seguís leyendo, seguramente es porque entendés la frase “En esta empresa hay demasiados caciques y pocos indios”.

Se la escuché por primera vez a mi papá, quejándose de que en su empresa muchos mandoneaban y pocos hacían.

Yo era chiquito y lo sentía súper normal. Era una queja habitual.

Imagino que los dueños de empresas familiares, cuando se juntaban en sus grupos de autoayuda, la comentaban.

En España dicen “muchas plumas para pocos indios”... Mucho más elegante, ¿no?

Claramente, es un problema global.

Supongamos por unos minutos que hay dos tipos de trabajadores.

Los indios, obedientes y diligentes, y los caciques, mandones e inteligentes.

Cualquier empresa empieza con un cacique o un indio esmerado que, sin darse cuenta, se convierte en uno. Alguien que toma decisiones, corre riesgos y, tal vez, sigue siendo indio part time. Al crecer empieza a delegar, a contratar indiecitos para trabajar.

Les dice que hacer, obedecen. Cobran un sueldo seguro, por hacer un trabajo seguro.

“No te pago para que pienses” es una frase que nunca dijo nadie, pero un cacique de estos le podría decir a un indio.

Les pagan por hacer. Son indios. Los que piensan son los caciques.

Avancemos rápidamente al siglo XXI.

¿Qué tienen en común las empresas exitosas hoy, y las que desafían a las tradicionales?

Nadie lo dice así porque duele: se enfocan en eliminar tareas repetitivas.

Ir al cajero a retirar dinero, al blockbuster a buscar un dvd, al restaurant a buscar la comida china… Ahora tenemos MercadoPago, Netflix y PedidosYa.

Lo mismo con las planillas de cálculo, burocracia en general, y hasta cierto punto, analizar y pensar.

Cada tarea repetitiva tiende a desaparecer.

Así nació el algoritmo EAT (Eliminar-Automatizar-Tercerizar), que presenté en 2025 en “Sé tu propio CEO”. 

Cada una de tus tareas repetitivas (o aburridas, es válido también), tiene que pasar ese test.

Las tareas repetitivas no solo nos aburren, también nos destinan al fracaso.

¿Qué pasa si no la hago? Eliminala.

¿Habrá software para hacerla? Automatizala.

¿Y si se la doy a alguien más eficiente? Tercerizala (o delegala, lo mismo para mí).

Y es acá en donde el buen lector empieza a hacer click…

¡CLICK!

Los indios hacen tareas repetitivas. Les aplicamos el algoritmo EAT y se van quedando sin tareas. ¿Quién lo aplica? Los caciques.

¡Necesitamos más caciques y menos indios!

Más personas que se pongan la plumita en la cabeza y decidan, y menos personas que hagan ciegamente.

Sin pensar.

Sí, ya sé: nadie es puro indio ni puro cacique.

Todos somos un poco de cada cosa, un blend de inteligencia y diligencia.

Pero todos elegimos hacia qué lado ir: ¿cada vez más cacique o cada vez más indio?

Trabaja para que no tengas que trabajar, y siempre tendrás trabajo.

Una objeción habitual que recibo es que es incómodo dejar de ser indio.

Más incómodo es perder el empleo.

Dejar de hacer tareas repetitivas es incómodo, pero más incómodo es quedarte sin trabajo.

Porque como indios somos robots pedorros. Hacemos las tareas repetitivas bastante peor que una máquina. Nos cansamos, nos equivocamos, nos quejamos.

¿Tenés acaso alguna duda de que un robot, algoritmo o software reemplazará a todos los indios?

Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres ordinarios. Ninguna máquina puede hacer el de un hombre extraordinario.

Elbert Hubbard, ¡¡¡cerca de 1910!!

Me deja perplejo que, sabiendo esto, sigamos aferrándonos a nuestras tareas repetitivas, como si el destino fuera evitable.

Sabemos a donde vamos. No nos gusta. ¡Escondamos la cabeza!

La otra objeción que recibo es la típica “Siempre lo hicimos así”. Dicho de otra manera, “mi jefe no me deja”.

Fácil, conseguite otro. O rajalo.

Nunca digas “o se va el robot o me voy yo”.

Por eso escribí un nuevo libro empoderador (y muy divertido): Cómo RAJAR a tu jefe.

Una tercera objeción es que el mundo del futuro es horrible, que no tendremos trabajo ni comida.

Que el empleo desaparecerá.

Que el Estado no podrá cuidarnos con una jubilación.

Que nuestro esfuerzo, los estudios, los años de dedicación abnegada a una empresa, bajando la cabeza, obedeciendo al de la pluma, no será valorado.

Sí, ya sé. Empatizo con todo esto. Me preocupa. Un poco.

Pero, enseguida, me ocupa. 

Y así te desafío… Supongamos que el empleo desaparezca, el Estado no podrá hacer nada, nuestro esfuerzo no será valorado.

¿Qué vas a hacer al respecto?

El futuro es de los caciques.

Que te hagas una semana excelente.

PD: Nótese que, pudiendo hacer referencia a mi libro FINANZAS cuando hablo de la desaparición de las jubilaciones, lo evité. Nombrar dos de mis tres libros en un artículo es suficiente.

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