Hola {{NOMBRE | estimado lector}},
Estoy muy contento porque Forbes publicó otro artículo mío, gracias a todos por el apoyo para seguir escribiendo y dando valor.
Comenzamos el episodio de hoy conociéndonos un poco más:
Ahora, una pregunta para calibrar:
¿Creés que el que tenés hoy será tu último trabajo?
Estamos listos.
Vamos con dos preguntas rápidas. No pienses mucho, solo respondé.
Supongamos que el mundo va cambiando, año a año. Qué tiene más sentido individualmente, ¿cambiar o no cambiar?
Seguramente contestaste "Cambiar, claro". Es obvio. El mundo cambia, nosotros tenemos que cambiar. No hay debate.
Segunda pregunta.
¿Donde te ves en tres años?
Y acá, de nuevo, la respuesta es predecible: Mejor.
Excelente.
Tenemos un consenso casi total. Sabemos que el mundo exige cambio y todos aspiramos a un futuro mejor. Tenemos el mapa y el destino.
Entonces, va de nuevo la pregunta: ¿Por qué casi nadie llega? ¿Por qué ese "yo" del futuro, más exitoso, más pleno, rara vez se materializa?
Porque entre el deseo y la acción, vive una contradicción gigante. Y hoy te la voy a mostrar.
La Radiografía de tu Parálisis
Vamos a hacer un juego. Te voy a presentar una serie de decisiones. Respondelas con honestidad.
Qué preferís, ¿ser tu propio CEO o que otro lo sea?
Más del 90% seguramente grita que quiere ser su propio CEO. La autonomía, el control. Es el sueño. Nota: no es publicidad del best-seller “Sé tu propio CEO”.
La mayoría eligió, seguramente, los "cien volando". Queremos el premio grande, estamos dispuestos a arriesgar.
Qué preferís, ¿un trabajo que te paga USD300 cada mes u otro que paga un valor al azar entre 0 y USD999?
De nuevo, haciendo las cuentas la mayoría es racional.
Un mes podés ganar menos de USD300, tal vez dos meses pero, eventualmente, el segundo te pagará en promedio USD500. Somos apostadores inteligentes.

