In partnership with

Hola {{NOMBRE | estimado lector}},

Estás recibiendo la novena edición de las 30ID: treinta ideas distintas en treinta días. Una locura de CEO en Camiseta. Si te gusta compartilo. Si te lo enviaron, suscribite.

Nota: toda la serie está subsidiada por publicidades. Gracias por prestarles atención y clicks.

Q¿Quién es más libre, un preso que no tiene ninguna decisión que tomar durante el día o un millonario que maneja varias empresas, recibe cientos de mensajes y tiene la agenda llena durante meses?

Login or Subscribe to participate

Por mucho tiempo pensé que existían dos tipos de presión.

La externa: un jefe que pide algo, un cliente que me contrata, una factura por pagar.

La otra presión es interna: los objetivos que me impongo, los plazos que invento, los proyectos que quiero construir.

Parecían diferentes.

Una venía del mundo, de afuera.

La otra venía de adentro.

Your competitor just replied. You're still typing.

A lead comes in on Instagram. Another on Messenger. Three more on SMS.

Your team switches tabs, repeats answers, and loses context while hot leads wait hours for replies. At 2am, nobody responds at all.

That’s not a people problem. It’s a process problem.

Wati brings Instagram DM, Facebook Messenger, TikTok, WhatsApp, SMS, RCS, and web chat into one AI-powered inbox. Automations instantly respond, qualify leads, and route conversations to the right person, 24/7.

Your team stops firefighting. Your leads stop waiting. Your pipeline starts moving.

De joven conocí a Néstor. De hecho, en él me inspiré para describir a Raúl, el que se sentaba al lado de Mariana, la empleada del año.

A Néstor no le gustaba mucho trabajar. Cumplía los horarios, decía que sí a todo pero siempre hacía lo mínimo.

-Néstor, urgente para hoy es el resumen de la semana pasada, por favor.

-Ajá

No era un claro “sí”, como si quisiera tener la posibilidad de negarlo. Parecía un hábito.

-Néstor, no te olvides de ese resumen antes de irte, le dije. Con la mejor de las ondas.

-No te metás, Leo.

No sé para qué hablé. Sí sé, sentí que ese pedido era importante, y algo dentro de mí sintió que tenía que hacerlo.

Nunca más le recordé nada.

Néstor recibía la presión externa.

Pero se la pasaba por cualquier lado, menos por ese lugar en donde ponemos “la presión” para que nos “presione”.

La dejaba al costado.

Néstor me enseñó que no existe tal cosa como la presión externa.

El jefe puede pedir algo y yo puedo ignorarlo.

El cliente puede llamarme y yo puedo decir que no. O ni responderle.

La factura puede esperar.

La presión externa no existe: existen pedidos que uno decide cuáles convertir en presión.

Nosotros decidimos si los convertimos en presión (una obligación de hacer) o, simplemente, en pedidos a los que diremos “NO”.

O lo dejaremos implícito.

-Pero Leo, ¡si no hago lo que me piden pierdo mi trabajo!

-A Néstor no le pasó, pequeño saltamontes.

A veces, no obedecer al jefe implica perder el trabajo. 

Otras, simplemente un enojo o comentario.

A veces no pagar una factura implica no recibir más el servicio de luz. Otras, una discusión con un proveedor. Otras, nada, hasta que prescribe la deuda.

Entonces, ¿dónde está realmente la presión?

No en lo que me pide el mundo.

Sino en la importancia que yo decido darle.

-¡Vos me querés matar, Leo! Soy jefe. No podés publicar esto. Nadie más me va a obedecer.

¿Tenés algún tema en el que te gustaría que profundice?

Si es así, dejalo en los comentarios. Te leo.

Login or Subscribe to participate

Que te hagas un lindo día,

Login or Subscribe to participate

Reply

Avatar

or to participate

Keep Reading