El martes hice dos pedidos, el mismo producto. Uno en Amazon, el otro Mercadolibre.
El de Amazon, enviado desde EEUU a Argentina, ¡llegó antes!
Sí, necesitaba el producto.
Tengo dos ahora. Y una lección.
Mientras tanto, esta semana Amazon echó a 16000 empleados de oficina más. ¿Por qué?
"...venimos trabajando para fortalecer nuestra organización reduciendo niveles, aumentando ownership y eliminando burocracia.", dijeron.
¿Podrá, en tu opinión, seguir operando, ganándole a players locales, sin problemas?
¿Por qué echaron tanta gente? Porque es una forma de forzar el algoritmo EAT:
Eliminar: dejarán de hacer miles de tareas. Las necesarias realmente, alguien reclamará y se harán. Sí, dolerá un poco.
Automatizar: vienen desde siempre invirtiendo en robotización (automatizar lo físico) y IA (lo lógico), por lo que la esto lo acelerará. De hecho aclararon en el comunicado de prensa que seguirán contratando gente.
Tercerizar: Algunas tareas que no pueden automatizar, o simplemente que están empezando a hacer, serán tercerizadas, simplemente porque no tienen la gente. Y esto es genial, porque es mucho más fácil eliminar o automatizar cuando vemos una factura concreta de un proveedor que cuando vemos muchos recibos de sueldo.
Si te interesa el tema, tengo todo un libro al respecto:
Volviendo a Amazon, la eficiencia es contagiosa.
O por las buenas o simplemente por las malas: si otro hace cambios para ser más eficiente, podrá dar mejor servicio o vender más barato (¡o ambos!) y nos sacará del mercado.
Y tal vez el lector es un profesional independiente, un contador… Pero que tiene como clientes a empresas que perderán frente al más eficiente. Por lo tanto, tendrá que ser más eficiente.
O es un psicólogo… Cuyos pacientes desempleados solo podrán pagarle por un tiempo, por lo que le conviene empujar el cambio laboral.
Sea porque los proveedores, al buscar ser más eficientes, nos lo exigen, o tal vez porque nosotros mismos, como clientes, no toleramos esperar 72 horas algo después de recibir pedidos en el día, ver la serie que queremos o instalar la app que nos gusta.
Podríamos decir que es la amazonización del mundo…
Como algún sindicato criticó la uberización del sistema financiero.

Y he aquí la paradoja: la critican, la odian desde lo laboral, pero… ¿quién no la ama en secreto?
Por eso hoy te invito con una pizza.
Pero una pizza muy especial.
Llegamos a la ciudad de Nápoles. Caminamos por una calle empedrada que sube del puerto. No podemos dejar de mirar el cartel inmenso de Maradona, empezando a descascararse.
Nuestro estómago cruje. El mareo del barco que tomamos desde Capri está cediendo, desnudando que no comemos desde el mediodía.
Hambre.
Hay dos pizzerías vecinas. Una tradicional. Carmelo, el pizzero napolitano de toda la vida. La otra, robotizada: Pizzabot, se llama. El resultado es idéntico, lo mismo que el precio. ¿Cuál preferís?
¡Claro que sí! Somos turistas, a eso vinimos.
Internet nos mal-acostumbró: la vida no es gratis. La pizza tampoco. Por eso, para seguir leyendo, vas a tener que suscribirte a CEO en Camiseta con tu email. No es tan terrible.
Carmelo nos atiende genial, y Pizzabot… Seguramente lo encontraremos en nuestra ciudad pronto.
Dormimos satisfechos, habiendo apoyado al productor independiente. Nos sentimos identificados por Carmelo.
Al día siguiente pensamos en la pizza nuestra de cada día… Pero… Oh sorpresa.
Nos encontramos frente a las dos pizzerías y hay un cambio…
Todo igual, solo que la robotizada baja 10% sus precios. ¿Preferís la de Carmelo, el pizzero napolitano, o la robotizada de Pizzabot?
“Nuestra humanidad no vale un 10% de descuento”, gritamos cual Sarah Connor.
Comemos la pizza con orgullo, aunque vemos algunos humanos traicioneros entrando a Pizzabot.
Algunos de ellos, fieles lectores de CEO en Camiseta.
Ese día caminamos la ciudad hasta agotarnos.
Dormimos como bebés y, al despertarnos… La pizza nuestra de cada día.
Nos encanta la de Carmelo pero cuando llegamos a esa callecita empedrada, algo terrible aparece frente a nosotros.
¡Pizzabot baja 50% sus precios para siempre! Por la ventana ves a Carmelo revoleando el bollo sin notar que se le acumulan en la mesada… La robotizada cuesta la mitad, misma calidad, diferente proceso. ¿Cuál comprás?
¡La mitad! Eso es dumping. Seguro que tienen esclavos trabajando. O que compran la masa en Temu.
Algunos pensamos que es inaceptable, que va en contra de nuestros valores.
Lo relacionamos con lo que la automatización podría hacer en nuestras carreras.
Pero otros… Otros traicioneros piensan en su bolsillo… O en su largo plazo.
Se imaginan comiendo la pizza nuestra de cada día por años, y hacen el flujo de fondos descontado de las dos opciones.
La cuenta es fácil, comprarle a Carmelo costará un millón de dólares.
A Pizzabot, medio.
¿Alguien puede pensar en el pobre Carmelo?
En su cabeza esto era imposible. Hacía la receta de la nonna (que tal vez era mentira, pero lo dijo tantas veces…) y siempre le había funcionado.
“¡Siempre lo hicimos así!”, le decía a sus empleados.
Pero cuando uno se fue a poner su propia pizzería, Carmelo se sintió aliviado.
No lo reemplazó. Un sueldo menos.
Pero mucho más esfuerzo.
Decidió jugar su última carta.
Leyó a Brenée Brown y dijo, “La vulnerabilidad nos dará fuerza”.
Carmelo, el maestro pizzero napolitano, con un poco de angustia pone un cartel: “si no me comprás me fundo”. Nos toca a todos el corazón, ¿no? ¿Cuál elegís?
Podría haber puesto en el cartel, “Carmelo somos todos”, o “Ayudar a Carmelo es ayudarte a tí mismo”…
Algunos le compran.
Carmelo sobrevivió. Con el tiempo ese cartel se arruinó, y puso la frase en la marquesina. “Si no me comprás me fundo”, con letras en neón. Eventualmente, el corazón se nos hizo un callo. Estamos pagando el doble por la pizza de Carmelo, para que no se funda… Dos años después, ¿cuál elegís?
Eventualmente, ¿la eficiencia siempre le gana a la emoción?
El cambio tecnológico es casi tan inevitable como tu negación, tu reacción defensiva.
“Esto no me va a pasar a mí”. Sí. A vos también.
Carmelo somos todos. Incluso yo.
Amenazado por el cambio, ¿se puede vivir así? ¿Qué hacer?
Qué hacer.
Despertar antes.
Apostar en nuestra contra.
Ser el cambio tecnológico.

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