Qué preferís, ¿un trabajo que te paga USD300 cada mes u otro que paga un valor al azar entre 0 y USD999?

El valor al azar es aleatorio: los últimos tres dígitos de la lotería el último día del mes.

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Hola {{NOMBRE | estimado lector}},

La semana pasada respondimos la desafiante pregunta, "¿Qué haremos los humanos en el trabajo?”….

Y otra vez nos quedó una duda.

Si abrazar y aprovechar la tecnología, el cambio, es tan obvio, ¿por qué demonios no lo hacemos lo suficiente como individuos, y menos como organizaciones?

¿Por qué los humanos nos resistimos al cambio en el trabajo?

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¿Es la tecnología lo que nos cuesta?

La primera hipótesis que escuché es que nos cuesta abrazar la tecnología, que es difícil aprender, que cuanto mayores somos más lejos estamos…

Mi papá, a sus 80 años, me decía eso con respecto al whatsapp… Pero era un campeón de Netflix y de un sitio para jugar al bridge con personas de todo el mundo.

Ya sé lo que estás pensando… uno no es nerd por generación espontánea.

Yendo atrás en el tiempo, imaginemos un grupo de cavernícolas desgarrando un mamut para comerlo crudo.

Llega un viajero, proveniente de la cueva vecina, con una antorcha.

“Muchachos, con esto podemos comer mamut mucho más rico y fácil de digerir”, afirma.

Levantan la cabeza, ven el fuego y dicen…

Claro que no dicen nada, se mueren de miedo, se esconden, o, tal vez, matan al viajero (cualquier parecido con situaciones vividas en las empresas es mera coincidencia).

Es verdad que el uso del fuego fue un avance tecnológico, pero en el fondo lo que tenemos los humanos es un amor descomunal por no cambiar.

Por el “siempre lo hicimos así”, o el “equipo que gana no se toca”, o “no arreglemos lo que funciona”…

Tenemos un sesgo, uno de esos automatismos que nos influyen sin que nos demos cuenta, súper útiles cuando el mundo no cambiaba…

El sesgo de statu quo, mejor no cambiemos.

Como si eso fuera poco

Pero se suma algo más, algo muy fuerte que destruye carreras y, obviamente, empresas.

Todos escuchamos de chiquitos la frase “más vale pájaro en mano que cien volando”…

El hecho de que la recuerdes, ¿te parece irrelevante?

A mí no.

Me asusta.

Quiere decir que algún efecto hizo en tus decisiones.

¿Será que los anglosajones emprenden más porque la probabilidad de éxito que les enseñaron de chiquitos era cincuenta veces mayor? (“a bird in the hand is worth two in the bush”).

Hay muchos elementos en nuestra educación y en la sociedad en general que nos llevan a alejarnos del riesgo - incluso si fuera obvio que el beneficio será mucho mayor…

Exacto, como la pregunta arriba de todo: si elegís el azar, el primer mes podrías ganar menos de $300, y sería malo.

El segundo mes también.

Pero como es aleatorio, estadísticamente, a medida que la muestra (la cantidad de meses) crece, el promedio se acerca más al valor esperado ($0+$999 dividido 2).

Como cuando tirás un dado puede salir cualquier número entre uno y seis, pero si promediás unos cuantos tiros, te vas a ir acercando a 3,5. Ese es el valor esperado.

En otras palabras, quienes eligieron $300 o no saben estadística, o creen que el mundo se termina en un par de meses (son cortoplacistas) o, simplemente, son humanos y se dejaron llevar por el sesgo de aversión al riesgo.

Si querés divertirte podés comparar los resultados de esta encuesta con la de Twitter de hace un tiempo, un poco más evidente:

¿Y entonces?

Tenemos al menos dos mecanismos automáticos que nos llevan a no cambiar.

¿Cómo hacemos para cambiar?

En mi experiencia, casi siempre sabemos a donde queremos ir.

Llamemos eso la Visión: la empresa en la que queremos trabajar, cómo debería funcionar el proceso, o el software que deberíamos implementar.

Recuerdo allá por el año 2000, crecíamos muy rápido y el software de gestión que teníamos (“Macola” se llamaba) nos había quedado chico.

Dato curioso: como no podíamos importar datos, teníamos varios emuladores de teclado, computadoras en donde un programita simulaba ser un humano, entraba a Macola y, por ejemplo, daba de alta un cliente que había entrado por el sitio. ¡Hablame de automatización!

A principios de ese año decidimos contratar Oracle Financials, un ERP de empresa seria, grande, profesional.

Esa era nuestra visión. Sabíamos a donde queríamos llegar.

Varios ingenieros en software y procesos habían hecho diagramas y cronogramas de cómo llegar, responsabilidades, deadlines.

Ese es el Proceso.

Si la visión es el qué, el proceso es el cómo.

Pero pasó un año, y seguíamos atrapados en Macola.

Era mayo y el nuevo software estaba ahí, listo para ser usado, pero siempre encontrábamos algo que "faltaba".

La verdad era otra: no queríamos soltar lo viejo, aunque lo nuevo fuera mejor.

Todos sabíamos qué había que hacer y teníamos claro cómo llegar allí.

Lo que faltaba, hoy es obvio para mí.

“¡Si el 4 de julio Oracle no está funcionando, los despido!”, dijo el CEO.

Y el 4 de julio Macola dejó de funcionar, y pasamos a operar en el nuevo ERP.

Fue muy duro, pero lo logramos.

Faltaba el “por qué”.

Y ese es el motivo principal por el que no cambiamos… Sabemos a donde queremos ir, incluso solemos conocer el camino.

Pero… Estamos cómodos.

El por qué es el motor del cambio. Sin él, incluso la mejor visión y proceso se quedan a medio camino.

Compartilo citando la fuente :-)

El cambio duele.

Implica luchar contra el sesgo del status quo, que nos grita “Pero si siempre lo hicimos así”.

Y contra la aversión al riesgo, que trata de convencernos que la estadística puede fallar.

No cambiando, garantizamos nuestro fracaso.

Pero tiene beneficios.

¿Cómo evitar ser víctima del cambio? Siendo el cambio.

En otras palabras, tomemos el cambio como lo normal y la estabilidad como un problema.

“Yo quiero cambiar, pero no se puede”…

Esta semana, identificá una pequeña acción en la que puedas ser el cambio en tu trabajo. ¿Qué harías diferente? ¿Cómo?

Más importante, ¿por qué?

Que te hagas una excelente semana,

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